
El 1 de junio de 2010 será recordado como el día que da comienzo al, hasta ahora, más ambicioso proyecto de la presidencia de Florentino Pérez: el Madrid de Mou.
Tras una gran temporada en Liga (consiguiendo el récord de puntos de la historia del equipo), pero decepcionante en Copa (eliminado por segundo año consecutivo en 1/16 de final por un 2ªB) y en Champions (cayendo por sexta vez en octavos de final), el chileno Manuel Pellegrini es destituido como entrenador del equipo de Chamartín.
El presidente blanco sabía que no podía exponerse a otro año más sin llevar títulos a las vitrinas del Santiago Bernabeú, y se encomendó a un hombre que ese mismo año había hecho historia con el Inter de Milán: José Mourinho.
El Real Madrid se rearmó con jugadores de la talla de Ángel DiMaria (Benfica), Mesut Özil (Werder Bremen), Ricardo Carvalho (Chelsea), Sergio Canales (Racing), Pedro León (Getafe) y Sami Khedira (Stuttgart). Mourinho dotó al equipo de un sistema 4-2-3-1: defensa muy adelantada, un centrocampista creador y otro de contención, una única referencia arriba y permanente ataque por las bandas. Del juego de toque y acumulación de efectivos en el centro del campo, se pasó a un estilo mucho más físico y a la vez conservador, que no obstante, tardaría algunas semanas en encajar del todo para la afición.
La temporada no comenzó bien. En la primera jornada, los de Mourinho no pasaron del empate ante el Mallorca en el Iberostar Estadi. En las posteriores semanas, se sucedieron las victorias por la mínima y con escaso juego, hasta volver a empatar en la quinta jornada frenteel Levante. Tras ese partido, el portugués afirmó "Algún día un pobre rival pagará por las ocasiones que fallamos. El resultado será una goleada".
Efectivamente así fue. La semana siguiente, el Deportivo de Lotina caía por un brutal 6-1 ante la euforia de un Bernabeú que a base de cánticos, se rendía a su nuevo entrenador. Esta racha de goles y buen juego continuó con victorias sobre Málaga, Racing, Hércules, Atlético, Sporting y Athletic.

Pero el 29 de noviembre marca una fecha para olvidar en la mente de los madridistas. El Real Madrid visitaba el Camp Nou ante un Barcelona que, sin dejar de lado el buen fútbol que le había valido una liga el año anterior, no se encontraba en su mejor momento (a pesar de haber goleado la semana anterior por 8 a un Almería que escupió en el término "profesionalidad"). Uno de sus sus tres delanteros, David Villa, había sido semanas antes citado por Mourinho para justificar la falta de gol de Karim Benzemá. Pues bien, esa noche Villa se convirtió en el anfitrión de una ceremonia macabra: 5-0.
Hoy día sigue siendo difícil encontrar la respuesta al por qué de aquella hecatombe. Pero lo cierto es que el Madrid que saltó al césped del Camp Nou era irreconocible. La línea defensiva (con DiMaría como "falso" lateral izquierdo) se adelantó casi al centro del campo, pero ningún jugador presionaba la salida de balón del equipo azulgrana, que elaboró juego a sus anchas y gestó probablemente el mejor partido de su historia. Los de Mou estaban noqueados desde el primer minuto, y probablemente, si el partido se hubiera alargado media hora más, la diferencia hubiera llegado a la decena.
A la dura digestión del 5-0 se unía la lesión del delantero indiscutible del equipo, Gonzalo Higuaín, a causa de una hernia discal. Durante los siguientes partidos, el Madrid tanteó sistemas tácticos: a veces sin delantero centro, otras veces con CR7 como referencia ofensiva, y otras con Karim Benzemá (que tardó meses en demostrar la calidad que atesoraba).
Llegó 2011 y el club de Concha Espina necesitaba urgentemente un 9. A finales de enero, aterrizaba en España Emannuel Adebayor (Manchester City), un delantero a medida para Mourinho. Sin embargo, era demasiado tarde. En liga la diferencia con el Barcelona (líder tras el 5-0) era insalvable, por lo que tocaba centrarse en dos competiciones en cuyo formato el portugués es un experto: la Copa del Rey y la Champions League.
En el torneo del KO, el Madrid había goleado por un global de 8-2 al Levante, había vencido sin problemas al Atlético de Madrid y con cierta polémica, había dejado también en el camino al Sevilla. La final estaba garantizada, y su rival no iba a ser otro que el F.C. Barcelona. 20 años después, ambos equipos volvían a verse las caras en una final copera.
Tres días antes de dicha final, el Madrid (que ya no era candidato a ganar la Liga) cosechó un meritorio empate ante el equipo de Guardiola, y ensayó un nuevo sistema: colocar a Pepe como mediocentro, para frenar las internadas de Messi.
El 20 de abril llegó el gran día. El Madrid que jugó durante los primeros 45 minutos en el césped de Mestalla en nada se parecía al que caía meses antes por 5 goles en el Camp Nou; estaba jugando el partido de su vida (únicamente en el primer tiempo).
Del tradicional 4-2-3-1, Mou dio paso a un 4-1-4-1 (con Xabi Alonso como "falso" líbero, Pepe y Khedira incorporándose continuamente al ataque, y Cristiano Ronaldo como hombre más adelantado). Pepe cortocircuitó la conexión Xavi-Messi, DiMaría desesperó a Alves en la banda derecha, y Arbeloa no dejó respirar a un Villa que no tuvo su mejor noche con la elástica azulgrana. Sin embargo, el desgaste era evidente, y en el segundo tiempo, los de Mourinho retrasaron su posición, lo que permitió al Barça elaborar con tranquilidad y salir en tromba al ataque. Solo la genialidad de Casillas al realizar tres paradas decisivas y la buena vista de Fermín "el del banderín" lograron que el partido se fuera a prórroga.
Fue ahí donde el Madrid recuperó el aliento perdido tras la primera mitad, y donde en el minuto 102, un magistral pase de DiMaría fue cabeceado por Cristiano Ronaldo hasta el fondo de la portería defendida por Pinto. El Real Madrid, 18 años después, había ganado la Copa del Rey. Y José Mourinho lograba su primer título con el equipo merengue, al mismo tiempo que añadía una cuarta copa a su palmarés.

En Champions, la historia fue en línea descendente. Tras una fase de grupos impecable (el Madrid ganó 5 partidos y sólo empató uno ante el A.C. Milán, amén de Filippo Inzaghi). Había una sombra que durante 6 años había sobrevolado el Santiago Bernabeú, y esa era la de la llamada "Maldición de Octavos". El Madrid derrotó con autoridad a su verdugo del año anterior, el Olympique de Lyon, por un global de 4-1, al igual que en Cuartos de Final vapuleaba al Tottenham Hotspur (5-0, resultado global), y presentaba su candidatura para ganar la Copa de Europa casi 10 años después. Pero enfrente estaba de nuevo su gran rival.
La noche del 27 de abril, correspondiente a la ida de semifinales, el Madrid sufrió una nueva transformación: ya no era el equipo que había presionado con sangre, sudor y lágrimas al Barcelona en Copa. Mourinho retrasó varios metros la línea defensiva, y el equipo se limitó a defender las innumerables llegadas de los de Guardiola (CR7 era el único hombre en punta, y no encontraba apoyos a la hora de atacar). El aburrido partido se fue al descanso 0-0, pero en la segunda parte tuvo lugar una acción que probablemente determinaría el resto del encuentro: Pepe era expulsado por roja directa tras una entrada a Dani Alves. No discutiremos ahora si merecida o no, pero lo cierto es que la película tuvo un brusco giro argumental. Messi se movía sobre el campo como Pedro (Rodriguez) por su casa, y los goles no tardaron en llegar. Resultado: 0-2 y pie y medio en la gran final de Wembley para el conjunto catalán.
Mucho se ha discutido sobre el planteamiento táctico de este encuentro. Al parecer, Mourinho pretendía alargar el 0-0 hasta el minuto 80 aproximadamente, momento en el que daría entrada a Kaká como elemento desestabilizador, y lograr así al menos un 1-0. Pero lo cierto es que todo esto quedará como lo que es: una mera hipótesis. Al portugués le faltó valor para plantar cara al Barcelona, y eso fue lo que le costó el pase a la final.
Con un 0-2 en la ida, la vuelta estaba prácticamente escrita. Se puso fin al "trivote" y se alineó a Kaká e Higuaín de inicio. No fue suficiente, porque un gol de Pedro en la segunda mitad enterraba las esperanzas madridistas de alzar la décima.
En definitiva, el Real Madrid ha realizado una muy buena temporada. Ser segundos en Liga no puede ser motivo de alegría para aquellos que poseen 31 trofeos de esta categoría en sus vitrinas; pero en cambio, una muy merecida copa del Rey y una Champions frustrada en semifinales (no obstante, los merengues no alcanzaban esa fase de la clasificación desde 2003). Sólo hay alguien que ha evitado que este Madrid realice una temporada fantástica, y ese alguien es el Barcelona de Pep Guardiola, un equipo que ya escribe con letras de oro una página en los libros de historia.
En su presentación como entrenador en el Santiago Bernabeú, José Mourinho admitió que es en su segundo año al frente de un equipo cuando logra el verdadero éxito. ¿Lo conseguirá con el Real Madrid? La próxima temporada conoceremos la respuesta.
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